Ṣlōṯā

Misterios Gloriosos

Los Misterios Gloriosos contemplan la victoria de Cristo y el destino que Él nos ha abierto: la Resurrección, la Ascensión, Pentecostés, la Asunción de María y su Coronación.

Miércoles y domingos

Son los Misterios de la esperanza. Tradicionalmente se rezan los miércoles y los domingos.

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Primer MisterioLa Resurrección de Jesús

La Resurrección de Jesús

Pasaje bíblico

Lucas 24, 13-16.21.30-32

Dos discípulos caminaban hacia una aldea llamada Emaús. Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos, pero sus ojos estaban impedidos para reconocerlo.

Nosotros esperábamos que fuera Él quien iba a liberar a Israel.

Al llegar a casa, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio.

Entonces se les abrieron los ojos… y lo reconocieron.

¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?

Meditación

También nosotros hacemos planes, soñamos, rezamos… y a veces Dios no responde como esperábamos.

Hay puertas que se cierran, personas que se marchan, proyectos que fracasan, caminos que dejan de tener sentido.

Y pensamos que Dios no nos ha escuchado.

Pero Emaús nos enseña algo extraordinario: el fracaso de nuestros planes no significa el fracaso de Dios.

A veces, solo más tarde comprendemos que Cristo caminaba con nosotros… y nos estaba conduciendo hacia un lugar que todavía no podíamos ver.

En este misterio, confiemos a Jesús aquello que no sucedió como esperábamos y pidamos la gracia de confiar en el camino que Él todavía está abriendo ante nosotros.

Segundo MisterioLa Ascensión de Jesús

La Ascensión de Jesús

Pasaje bíblico

Hechos 1, 8-11

Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra.

Dicho esto, fue elevado a la vista de ellos y una nube lo ocultó a sus ojos.

Y mientras continuaban mirando al cielo, aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:

Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo?

Meditación

Los discípulos se quedan parados mirando hacia el lugar donde Jesús ha desaparecido. Tal vez desearían que aquel momento no terminara nunca.

Pero Jesús no los preparó para quedarse mirando al Cielo. Los preparó para llevar el Cielo al mundo.

También nosotros podemos pasarnos la vida esperando: una señal, el momento perfecto, tener más fe, más tiempo o menos miedo.

Pero quizá Dios ya nos haya mostrado lo suficiente para empezar.

Hay alguien a quien podemos amar mejor. Una reconciliación que podemos buscar. Una persona que nos necesita. Una decisión que sabemos que debemos tomar.

La fe no nos aparta del mundo. Nos envía de nuevo a él, diferentes.

En este misterio, pidamos la gracia de descubrir dónde nos necesita Dios y el valor para empezar.

Tercer MisterioLa Venida del Espíritu Santo

La Venida del Espíritu Santo

Pasaje bíblico

Hechos 2, 1-4.14

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.

De repente, vino del cielo un ruido, como el de una fuerte ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde se encontraban.

Vieron aparecer unas lenguas, como de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos.

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo.

Entonces Pedro se puso en pie con los Once… y comenzó a hablar en voz alta.

Meditación

Pedro es el mismo hombre que, pocos días antes, tuvo miedo de decir que conocía a Jesús.

Ahora se levanta ante la multitud y habla.

El Espíritu Santo no le quitó su fragilidad. Le dio una fuerza que él solo no tenía.

También nosotros sabemos muchas veces lo que deberíamos hacer, pero el miedo nos vence. Miedo a fracasar. A ser juzgados. A cambiar. A decir aquello que necesita ser dicho.

Dios no espera que seamos fuertes por nosotros mismos.

Hay momentos en los que nuestra oración puede ser simplemente esta: Espíritu Santo, dame la fuerza que yo no tengo.

En este misterio, pidamos al Espíritu Santo valor para dar el paso que el miedo nos ha impedido dar.

Cuarto MisterioLa Asunción de Nuestra Señora

La Asunción de Nuestra Señora

Pasaje bíblico

Juan 14, 1-3

No se turbe vuestro corazón.

Creéis en Dios; creed también en mí.

En la casa de mi Padre hay muchas moradas.

Voy a prepararos un lugar.

Y cuando me haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os llevaré conmigo…

para que donde yo estoy, estéis también vosotros.

Meditación

María conoció a Jesús antes que casi todos. Lo vio nacer, crecer, partir… y lo recibió muerto entre sus brazos.

En la Asunción, es el Hijo quien recibe a la Madre.

La separación ha terminado.

Tal vez esta sea una de las promesas más hermosas de nuestra fe: no hemos sido creados para perder para siempre a quienes amamos.

Llevamos con nosotros añoranzas, despedidas, lugares vacíos y nombres que todavía nos encogen el corazón.

María nos recuerda que existe una Casa donde ya no habrá despedidas.

Y que toda nuestra vida es, en el fondo, un camino de regreso a Casa.

En este misterio, confiemos a María a aquellos a quienes echamos de menos y pidamos la gracia de vivir con los ojos puestos en el Cielo, donde Dios nos espera.

Quinto MisterioLa Coronación de Nuestra Señora

La Coronación de Nuestra Señora

Pasaje bíblico

Lucas 1, 46-49.52

Proclama mi alma la grandeza del Señor

y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.

Porque ha mirado la humildad de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí.

Derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes.

Meditación

María nunca buscó un trono. Nunca quiso ser admirada. Durante toda su vida señaló a Otro: a Jesús.

Y es precisamente a aquella que se hizo pequeña… a quien Dios hace Reina.

Pasamos gran parte de nuestra vida queriendo ser reconocidos: por lo que hacemos, por lo que tenemos, por la imagen que los demás tienen de nosotros.

María nos muestra otra libertad: no necesitar ser el centro para saber quiénes somos.

Ante Dios, la verdadera grandeza no está en que nos vean. Está en el amor que dejamos tras nosotros.

En este misterio, pidamos a María un corazón humilde y libre de la necesidad de reconocimiento, para buscar menos nuestra propia importancia y hacer de Jesús el centro de nuestra vida.